Argentina sin lujo

Argentina sin lujo

Hace 5 años atrás, en 2007, después de haber sorteado una de las mayores crisis econónomicas de su historia, parecía como un signo natural de normalización que Argentina fuera el tercer país a nivel latinoamericano más atractivo para las marcas de lujo. Hoy, la situación es diametralmente opuesta. Avenida Alvear, el símil trasandino de nuestro Alonso de Córdova, exhibe las cortinas cerradas de tiendas como Yves Saint Laurent, Escada, Louis Viutton, Calvin Klein y otras marcas de bienes suntuarios. Su huida se debe, básicamente, a las políticas económicas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. 

Mientras Perú, Colombia y Chile son mercados donde las marcas de lujo tienen cada vez más interés debido a sus políticas neoliberales y estabilidad económica, Argentina y sus medidas proteccionistas han desincentivado la inversión en esa área, alejando a las marcas que alguna vez se habían establecido en este país. El gobierno de Cristina Fernández, en el afán de generar dólares para pagar su deuda, ha impuesto una política de autorizar importaciones en la medida que las empresas se comprometan a exportar por un monto similar, de esa manera ingresan divisas y se fomenta la producción local. A todas luces, esa regla no se concilia con los modelos de negocios de las marcas de lujo que recurren a la importación de sus productos como manera de mantener los estándares esperados de un bien de ese tipo.

La última marca que anunció su retirada de Argentina es Kenzo, hace tan sólo unos días atrás. ¿Cómo este fenómeno puede afectar al mercado de la moda trasandino? Evidentemente, es un fenómeno complejo con muchas aristas involucradas. Un análisis inicial sugiere la pérdida de empleos de los porfesionales asociados a esas áreas (diseñadores, periodistas, relacionadores públicos), los que presumiblemente querrán seguir trabajando en el área de la moda, lo que generará cesantía en esa área. En segundo lugar, en términos de imagen, el fenómeno daña la imagen internacional de Argentina, evitando que en el futuro cercano los inversores en el área moda quieran asentarse en dicho mercado.

No obstante lo anterior, no todo es tan negativo. Los diseñadores locales tienen ahora una tremenda oportunidad y un gran desafío en frente. El vacío generado por las marcas de lujo, les abre un mercado que muchos de ellos no habían explorado: el de los porductos high end. Si los diseñadores argentinos se dan cuenta de ello, y cuentan con el apoyo, ingenio e incentivos necesarios, pueden ocupar ese nicho de mercado y posicionar a Argentina dentro de la escena latinoamericana como uno de los productores de lujo en la región. Esperemos que así sea.

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